Agosto es el mes en el que se conmemora la Semana Mundial de la Lactancia Materna, una fecha que invita a reconocer que amamantar no depende únicamente de la voluntad de la madre. De hecho, este año la iniciativa busca hacer énfasis en la importancia de consolidar una cadena de apoyo que involucre a familias, profesionales, instituciones, comunidades y lugares de trabajo.En este contexto, la Dra. María Mercedes Ganán Aillón, Directora de Inteligencia Clínica de Ecuasanitas pone sobre la mesa una idea central: la lactancia es una experiencia que puede requerir orientación, seguimiento y respaldo emocional. “Prepararse desde el embarazo, recibir asesoría durante los primeros días y contar con una red cercana permite que cada madre tome decisiones informadas, de acuerdo con sus necesidades y las de su bebé”, asegura.La lactancia es un proceso que también se aprende● Aunque la lactancia es un proceso fisiológico, no siempre resulta inmediata o sencilla. La madre y el bebé necesitan tiempo para conocerse, encontrar una posición cómoda, lograr un buen acople y establecer una dinámica de alimentación que responda a las necesidades de ambos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda iniciar la lactancia materna durante la primera hora después del nacimiento, mantenerla de forma exclusiva los primeros seis meses —cuando las condiciones de la madre y el bebé lo permiten— e incorporar posteriormente alimentos complementarios adecuados, mientras la lactancia continúa hasta los dos años o más. Sin embargo, estas recomendaciones deben estar acompañadas por información clara y asesoría individualizada. “No todas las experiencias son iguales y la lactancia no debe convertirse en una fuente de presión, culpa o comparación”, advierte la representante de Ecuasanitas, señalando que el acompañamiento profesional debe ayudar a resolver dudas, así como respetar las circunstancias, expectativas y decisiones de cada familia.Cuatro momentos en los que el acompañamiento hace la diferencia
Señales que requieren valoración profesional
● En la madre, presencia de dolor intenso o persistente, grietas o sangrado en pezones, una zona del pecho enrojecida y caliente, fiebre, escalofríos, congestión que no mejora o preocupación por la cantidad de leche.
● En el bebé, dificultad para sujetarse al pecho o mantenerse en la toma, no se observa deglución, moja menos pañales de lo esperado, no gana peso o continúa perdiendo peso después de los primeros días, permanece excesivamente somnoliento o presenta una coloración amarillenta que aumenta.
● “Estas señales no significan automáticamente que la lactancia deba suspenderse, pero sí requieren una evaluación integral oportuna”, aclara la Dra. Ganán.
La lactancia materna es una inversión en bienestar, amor y futuro. En los primeros meses de vida, la leche materna proporciona todos los nutrientes, protege contra enfermedades e infecciones, fortalece el vínculo afectivo entre la madre y su hijo, favoreciendo el desarrollo físico, emocional y cognitivo.
La lactancia no debería vivirse como una responsabilidad exclusiva de la madre. Cuando existe información clara, acompañamiento profesional, respaldo en el hogar y el lugar de trabajo, las familias pueden afrontar esta etapa con mayor confianza. “Lo importante es escuchar cada realidad y brindar alternativas oportunas, siempre priorizando el bienestar de la madre y el bebé”, concluye la especialista de Ecuasanitas.
Promover, proteger y apoyar la lactancia materna es una responsabilidad compartida. Cada gota cuenta, cada apoyo suma y cada niño merece el mejor comienzo para la vida.
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